domingo, 31 de marzo de 2013

Me vuelvo a perder en ensoñaciones, no espera... ¿vuelvo?, jamás dejé de hacerlo.
Pero ahora me engullen y paso absorta las horas no tan muertas
de esta vida no tan miserable.

Te brillan los ojos, ¿sabes?
Te brilla el corazón en ellos cuando sonríes.
Mírame, te lo ruego...

Seguir con la mirada unos paso que se alejan,
seguir con el pensamiento una idea imposible.
Mírame, te lo exijo....

Muerte cerebral y una desgarrada mueca de placer,
aprieto los dientes hasta que me duele,
cierro los puños hasta que las uñas están incrustadas en la carne.

Mírame.......mírame....mírame...
¿Para que?¿Para dejar que me vuelvan a herir?
No me mires si no quieres.

Jamás estaré a  su altura,
jamás estaré a la altura de nadie que merezca la pena.
No te compadezcas de mi, no me lo he ganado.

Prisión salina,
de lágrimas sin derramar,
lágrimas que son cristales que me perforan por dentro,
la garganta al tragarlas y el estomago al guardarlas,
y celosamente las retengo.

Porque no le importas a nadie,
porque nadie te importa,
porque el hierro candente que te lacera las heridas es lo único que te queda.

Porque no eres nada,
porque nadie lo es,
porque el ácido que me .por las venas y se me vierte en el alma.

No pienso volver a pedir,
sé que nada me corresponde,
así pues seguiré con los pies enterrados en la arena.

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